Nazismo, fascismo y racismo vuelven a unirse, teniendo como excusa una cancha de fútbol, y uno de los causantes de esto es el delantero de la Lazio, Paolo di Canio, quien se popularizó por celebrar goles extendiendo el brazo derecho, característico saludo fascista, para regocijo de los hinchas del club romano en el cual, según una encuesta hecha en Italia, el 70 por ciento de los aficionados se declaró de ultraderecha. El futbolista italiano Di Canio dijo: "Soy fascista, pero no racista. Hago el saludo romano para saludar a mis aficionados y a los que comparten mis ideas. Este brazo tendido no quiere nunca ser una incitación a la violencia y menos al odio racial", dijo el delantero. En su momento, el Comité de Disciplina lo sancionó por ese gesto con 10.000 euros de multa. Pero a los pocos partidos, el jugador repitió su gesto.
Sin embargo, Di Canio no es un caso aislado en el fútbol. En septiembre del año pasado, el futbolista checo Pavel Horvath, del Sparta Praga, fue multado por la federación de fútbol de su país en 6.900 euros por haber realizado el saludo nazi en un campo de juego.
Hoy en día existen muchas herramientas para combatir a los futbolistas que realicen acciones racistas. La FIFA y todas las ligas del mundo se encolumnan detrás de las sanciones hacia los futbolista. Pero, ¿qué pasa cuando los actos racistas se cometen en las tribunas?
La primera gran manifestación racista de parte de la hinchada de la Lazio fue en los 90 cuando jugaban contra un equipo israelí y desplegaron una bandera que decía: "Auschwitz es tu país; los crematorios, tu casa".
En febrero de 2002, los hinchas de la Lazio volvieron a llevar masivamente banderas con cruces celtas y retratos de Benito Mussolini y estalló la polémica. Las autoridades italianas tomaron una decisión que se mantiene hasta hoy y que casi todas las ligas del mundo copiaron: los partidos de fútbol podrán suspenderse si aparecen leyendas xenófobas en las tribunas.
A pesar de la medida, las banderas y los cánticos siguen en los estadios europeos. En agosto del año pasado otra denuncia sacudió al mundo del fútbol. Se enfrentaron el Hapoel, de Israel, contra el Soroki, de Bosnia, por la Copa UEFA. Según denunciaron los hinchas y que corroboró el árbitro del partido, los hinchas locales repetían "Auschwitz, Auschwitz" (el nombre de uno de los mayores campos de exterminio del Tercer Reich) y "Sieg Heil" (un saludo de las tropas nazis).
El último caso denunciado fue el que involucró a los hinchas de Talleres de Córdoba. El club cordobés recibió una sanción debido a las banderas con cruces esvásticas que exhibieron algunos de sus hinchas en un partido del torneo de la Segunda División. En ese momento, el intendente de la ciudad de Córdoba, Luis Juez, calificó de "imbéciles" a los hinchas del Talleres que portaron las banderas nazis y consideró que habría ordenado suspender el partido en caso de que hubiese estado en el estadio. "Esos imbéciles ni deben saber qué era lo que tenían en la bandera, deberían ser sancionados. Yo no justifico que hayan puesto las banderas en la hinchada del Talleres", sostuvo.
Todo esto nos hace pensar que cada vez más se utiliza el deporte, y más en el caso del fútbol para politizar y para la manifestación de consignas racistas, fascistas y xenófobas.
¿Pensáis que deporte y política deben estar unidos? ¿Dejarías que estos descerebrados entraran en los campos de fútbol? ¿Qué medidas tomarías?
7 comentarios:
Hola compañeros.
Para responder a la primera pregunta se nos presenta un bucle en la interacción en el deporte y la política, como nos gustaría a todos el deporte debería estar totalmente separado de la política y viceversa pero lamentablemente, esto no es así. Uno necesita del otro para subsistir, quizás la política no necesite tanto del deporte hoy en día, pero si echamos un vistazo atrás en la historia la primera vez que se plantea la unión deporte-política es en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, donde, Hitler pretendió utilizar la supremacía de la raza aria por encima de las demás, todos sabemos que le salió mal la jugada porque apareció el “Black Power”.
Otra representación de la relación deporte-política en la historia de los países se presenta en diferentes Juegos Olímpicos, mediante la demostración de supremacía política de un país sobre otro por los resultados obtenidos en dicha competición deportiva.
Como no decir que en esta relación deporte-política el deporte en nuestro país necesita de la política para su existencia, pues a nivel público, e incluso de alguna forma u otra a nivel privado, el deporte esta organizado, estructurado y financiado por entidades que están supeditadas a la política, ya sea el Consejo Superior de Deportes, Diputaciones o Ayuntamientos.
Por lo tanto como resumen del análisis anterior, solo podemos decir que tanto el deporte como la política van de la mano, se necesitan, la cuestión sería si los aspectos negativos de uno deben influir en el otro o no, lamentablemente hoy influyen. Por lo tanto la relación correcta que debería existir entre deporte-política sería una interacción de aspectos positivos de ellas, nunca negativos.
Alberto Lledó Quiles
Hola compañeros,como lo prometido es deuda Guille, aqui va mi comentario sobre un artículo que me parece estremecedor, ya que en cierto modo se nos considera civilizados a los humanos, y la verdad es que después de leer este interesante artículo por cierto, no puedo creer que siga exisitiendo gente con esas convicciones tan acerrimas y que incluso y lo que más molesta es que quieran pretender que su actitud sea la superior a las demás y como el único camino a seguir, pienso que la política y el deporte si que van de la mano incluso actualmente, porque gracias a la política el deporte puede o de hecho obtiene importantes cuantias en concepto de subvenciones, pero lo que no me parece tan bueno de esta relación política-deporte, es que la política utilice el deporte como mediador de masas y asi poder obtener por ejemplo más votos. Con este comentario intento explicar que de hecho sí, política y deporte van de la mano, pero hay que estrechar los lazos o las relaciones en un modo de ver las cosas desde el punto de vista del sentido común, y no buscandose intereses hacia una u otra parte. Pero como hay que ser realista permitanme el lujo de comentar que esto es muy dificil, practicamente imposible, y si alguna arma tenemos nosotros para cambiar eso es nuestra conciencia, la cual deberemos intentar mantener siempre limpia.
Saludos. Ernesto Torregrosa.
Es curioso ver a esta gente, idolatrando a una figura y aun régimen que a ellos mismos les despreciaba. El nazismo promovía la supremacía de la raza aria, y para ello despreciaban a judios en particular, pero tambien lo hacían con otras culturas. Asi pues, creo que si hoy en día, existiera el nazismo aleman, muchos de los que ahora apoyan este movimiento, se vería perseguidos o detestados por el régimen. Promovían la selección natural de una raza superior, asi pues, no creo ni que el regimen, ni los que hoy en día apoyan este régimen, sean una raza superior, de hecho creo que no son ni personas.
La desinformación y la existencia de verdaderos fanáticos, ha hecho que este movimiento sea de algun modo popular en determinados grupos. Muchos los siguen por expresar su violencia y ya está, no saben lo que defienden ni lo que promulgan.
Desgraciadamente el deporte y concretamente el fútbol a sido un escaparate para estos “personajes”, por lo que desgraciadamente si que el deporte está ligado a la polítitca. Esto ocurre por que es un medio donde pueden expresar su violencia, y sus ideas, ya que en un parlamento no pueden hacerlo.
La solución radicaría en sanciones duras, y erradicar por completo cualquier apoyo de los clubes y sus directivos a estos grupos. En epocas anteriores los directivos creían necesitar el apoyo de estos grupos para que la afición no se les echará encima, ya que tienen un gran peso en la voz de esta. Pero que uno de estos grupos te apoye y devolverle el apoyo, constituye darle fuerza.
No obstante la situaciones de violencia se repiten. Asi por ejemplo ocurre en un de los casos puntuales de una agresión de los Ultra sur a a unos reporteros gráficos en las inmediaciones del Bernabeu, dudando de la actuación de la policía:
Ha levantado polémica la actuación, o por mejor decir, la no actuación policial ante las agresiones. Esta mañana, el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Javier Ansuátegui ha defendido a los agentes y ha asegurado que "la policía actuó adecuadamente".
Agustín Montero Silvestre
El deporte de élite, debido a la enorme repercusión que tiene en los medios, es un soporte magnífico para mostrar y exteriorizar determinados comportamientos políticos y sociales de los individuos. Sobre todo en las grandes manifestaciones deportivas, con la retransmisión a millones de personas, son un escaparate idóneo para mostrar determinadas presencias y actitudes, con intereses muy particulares, tanto de público, deportistas y políticos.
El propio deporte en su expresión mas elitista, puede tener aspectos de tinte nazi, ante la exaltación del vencedor y el desprecio del vencido. El pensamiento mas positivo, seria otorgar al vencedor el reconocimiento y la admiración por las metas conseguidas en la excelencia de su preparación para la competición, y al vencido mostrarle apoyo y solidaridad para que no tenga sentimiento de fracaso y persevere en obtener mejores logros.
En la Olimpiada de Berlín (1936) con Hitler como máximo dirigente alemán, un atleta estadounidense de raza negra logró cuatro oros, su nombre Jesé Owen, uno de los atletas mas grandes de la historia. El político nazi, se negó a reconocer las victorias olímpicas por el color de su piel. Este acontecimiento fue una terrible humillación, para los defensores de la raza aria en su propio estadio.
En el éxito deportivo, los propios deportistas hacen guiños de complicidad a la afición y espectadores, identificándose con la nación, región o club al que representan, para ello no dudan en la victoria, celebrarla llevando banderas, a veces hasta dos ( la nacional y autonómica), en el caso de deportistas españoles. A nivel de clubs la identificación de los colores del mismo también es muy rentable, pues el aplauso y admiración de los aficionados está garantizado.
Entre los aficionados a los clubs de fútbol, desagraciadamente estén grupos de ideología de extrema derecha y extrema izquierda, que utilizan los estadios para manifestar sus ideas políticas, tanto en las victorias como en las derrotas, con profusión de cánticos, banderas y signos afines. En innumerables ocasiones la violencia que generan transciende del recinto deportivo con enfrentamiento con aficiones rivales y con los servicios de orden público provocando situaciones de gravedad. Evidentemente el consentir y apoyar a estos grupos por parte de los clubs, que si bien pueden dar colorido al espectáculo, a la larga perjuran y desprestigian a la entidad.
Existen deportes en los que la reivindicación nacionalista se ha de compartir (F1, motociclismo, vela) competiciones con una gran cobertura televisiva, en los cuales deportistas, coches, motos o barcos suelen ser de distinta nacionalidad. La tecnología es tan importante o mas que la destreza de los deportistas y a todo ello unamos la fuerte esponsorización de compañías multinacionales que se unen al circo y que sin su aportación económica seria inviable montar estos eventos. Máximo exponente: coche Ferrari ( Italia) piloto Michael Schumacher (Alemán) varias veces campeón del mundo...
El mundo del fútbol también es paradójico en este tema. A nivel de jugadores, los grandes clubs, mas bien parecen selecciones sin fronteras, ya que un porcentaje altísimo de su plantilla profesional, son de otros paises. Podríamos decir sin riesgo de equivocarnos que son mercenarios del deporte que defienden los colores de su club según sus objetivos económicos y deportivos, independientemente de lo que se identifiquen con su equipo o ciudad. Sin embargo este aspecto no parece importar mucho a la afición y políticos, puesto que asocian el éxitos a estos equipos plurinacionales y multirraciales a sus reivindicaciones nacionalistas.
¿Pero que ocurre cuando las victorias se tornan en derrotas? ¿Quién se identifica con los perdedores? Las aficiones, políticos y esponsors, retiran su apoyo y entusiasmo, pues la derrota vende muy mal cualquier sentimiento o causa.
El nacionalismo positivo en el deporte ha de ser la síntesis de múltiples acusaciones políticas y sociales. Creando unas buenas infraestructuras deportivas por los gobiernos, que abarquen todos los campos del deporte y unas reglamentaciones de las competiciones a través de las Federaciones que garanticen la imparcialidad. Se ha de fomentar una política deportiva de base, dirigida por profesionales del deporte. Apoyo moral y financiero de instituciones a los clubs, los cuales han de trabajar en la captación de socios, para estar mas integrados en la sociedad y lograr un aporte económico adicional. Y por último lograr que las marcas comerciales canalicen su publicidad y esponsorización al deporte en su mas amplia extensión.
Si con ello se logra una buena cultura deportiva y se obtiene resultados positivos, es pues lógico que sea motivo de orgullo, por la culminación de una planificación deportiva que implica a toda la sociedad.
En mi opinión, la fuerza política es un hecho a tener en cuenta para justipreciar el desarrollo del deporte. Esta claro que en el juego de las grandes propagandas nacionales, el deporte aparece como un elemento popular de fácil éxito masivo para que los políticos consigan objetivos que no tienen nada que ver con los logros deportivos.
Las victorias deportivas de una nación se han convertido en síntomas de un progreso como país, y eso los políticos lo saben. Me parece patético que los políticos utilicen de esa manera el deporte, tendrían que interesarse más en fomentarlo y en autodirigirlo de forma correcta para una mejor visión de futuro.
Actualmente el campeonismo deportivo de nuestro tiempo está directamente alimentado por el poder político que se ha descubierto en el deporte. Loas torneos internacionales, campeonatos mundiales y, sobre todo los Juegos Olímpicos, con sus contabilidades de medallas, marcan una nueva forma dialéctica internacional en el ámbito político.
Este hecho puede acarrear que la utilización del deporte como poderosa entidad politizable va a acelerar enormemente la instauración de muchas estructuras deportivas, el desvelo por cuidar el deporte a escala mundial.
A mí personalmente no me agrada, ni me desagrada que la política vaya ligada al deporte, porque igual que la he criticado, también me gustaría añadir aspectos en los que estoy de acuerdo con ella. Me parece de muy buen agrado que existan políticas proteccionistas y de mejora del medioambiental, basadas en las sanciones económicas para controlar el uso de la naturaleza, con una postura biocentrista, en la que todos los seres vivos, incluido el ser humano, poseen un valor en sí mismos.
Otro aspecto positivo es la construcción de infraestructuras que sirvan para realizar deporte, tanto en el ámbito amateur, como profesional. También es importante la realización de deportes orientados a la salud.
Concluyo mi opinión afirmando que la política no tiene que estar en el centro del deporte actual, pero si que tiene que fomentarlo. Se tiene que restar protagonismo a la política en el deporte.
ALFREDO ALANDES ALFONSO
En mi opinión, es normal y considero positivo que el deporte mantenga una relación con la ´política, ya que para la práctica de deportes se necesitan permisos de los ayuntamientos para facilitarnos las instalaciones, apoyo a los partidos políticos, y ya a nivel de deportista de élite, te pueden ayudar económicamene.
Sin embargo, me parece mal que los políticos utilicen el deporte para promocionarse y para hacer campaña política, como por ejemplo cuando un mes o dos antes de las elecciones se ponen a construir un pabellón deportivo que saben que no se va a terminar y que,además, lo más probable es que no puedan pagarlo (como es el caso de Anna, una población de Valencia).
Por otra parte, y hablando de los descerebrados que invaden los estadios deportivos en cada competición, diré que todavía no logro entender cómo se puede dar esa agresividad desatada en las gradas. Esta gente, generalmente los ultras, va al estadio no para animar a su equipo y disfrutar con el juego, sino para intimidar al equipo contrario y a sus aficionados, con sus cánticos razistas, xenófobos y nacionalistas, llegando a amenazarlos de muerte, y lo que es más triste, cumpliendo a veces dichas amenazas.
Esta gente tendría que tener prohibida la entrada a cualquier estadio, sobre todo al de "su equipo", pero sin embargo lo que hacen los directivos es darle mayores privilegios a estos hinchas violentos que a cualquier otro socio del club, debido al temor que tienen de ser agredidos (por sus propios aficionados), y a que saben que esto aumenta el morbo en los estadios y en los medios de comunicación, los que les proporciona beneficios a nivel económico y de popularidad. Además los directivos entienden que este tipo de apoyo les ayudará en sus desplazamientos a otros estadios, cuando en realidad lo que puede suceder es que estos energúmenos se peleen con los del otro equipo dando lugar a un espectáculo vergonzoso.
Creo que entre todos tendríamos que intentar acabar con este fenómeno, tan perjudicial para la esencia de lo que entendemos como deporte, pero por desgracia, tan común.
Por lo que respecta al racismo que se vive en las gradas, por ejemplo, de los estadios de fútbol, me gustaría decir que es un tema muy delicado, y debe ser uno de los temas a tratar en el desarrollo del niño, en general, y en el ámbito del deporte en particular. Pues yo, sinceramente, soy incapaz de pensar que ese sentimiento de odio hacia las personas de otras razas les nazca de dentro; pienso pues que si desde pequeño, tanto en la escuela como en casa, le dejan claro que todas las personas somos "iguales", cada uno con sus defectos y sus virtudes, independientemente del color de piel de cada uno, esa gente no sentiría ningún odio hacia estas personas, y no veríamos en cada partido centenares de aficionados comparando, con sus cánticos y gritos, a jugadores de raza negra con monos.
En conclusión, y centrándome en la política y el deporte, creo que no beneficia a nadie, y menos a la esencia del deporte, que la política se involucre en temas deportivos, excepto cuando se limita a ayudar al deportista en todo lo que puede, dando posibilidades a grandes atletas que por desgracia no poseen del capital suficiente para participar en las cometiciones deportivas, con todo lo que ello supone.
Así pues, la política debería responder a las demandas de la gente sin mirar el beneficio propio.
Es buenísima la cuestón que proponeis. Estos casos que citais son los más extremos, cómo debe sentirse un israelí que le gritan "Auschwitz es tu país; los crematorios, tu casa", es posible que alguno de ellos perdiera a familiares en esas masacres, es bochornoso que en el siglo XXI sigan ocurriendo estos comportamientos.
Yo quiero trasladar la cuestión a algo más cercano, y es que en nuestro país no solemos, y digo solemos porque si que hay en algunos estadios, banderas con la esvástica. Si que hay más a menudo la bandera de España durante el régimen de Franco. Pero ¿que pensais de las banderas independentistas que aparecen en algunos estadios? Los casos más claros se dan en el País Vasco y en Cataluña. Estos aficionados utilizan el fútbol políticamente para demostrar que son diferentes. La imagen Oleguer Pressas, el jugador del F.C. Barcelona, con la bandera independentista mientras celebra un título, demostrando que no es español sino catalán.
Estos sentimientos son muy lícitos, cada persona es libre de sentirse de una nación, de una comunidad o de donde quiera, pero no me parece bien que se utilice el deporte como medio de todo esto, ya que el deporte jamás debería estar ligado a la política. Es más, ahora se ha puesto de moda en las camisetas de fútbol el poner la bandera de la comunidad, hecho que inicio el Barcelona, y en mi opinión no es correcto, porque la Liga no es una competición a ver qué comunidad autónoma está por encima de otra.
La imagen la podeis encontrar en http://images.google.es/images?hl=es&q=Oleguer&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wi
Raúl González Torres
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